Adaptaación

¿Seguimos de adaptación?


Ya hace unas semanas que llenábamos las páginas hablando del período de adaptación, Eso era cuando empezábamos el curso. Ahora ya no tenemos ni tiempo de hablar de ello: en algunos casos por que ya se nos está olvidando, y los chavales y chavalas ya están normalizados dentro de las rutinas de las clases. En otros casos seguimos con la adaptación de alguno. Esa adaptación que parece que cuesta un poquito, o tal vez la de algún niño con necesidades educativas especiales.

Alumnos que necesitan adaptaciones curriculares, adaptaciones de todo, pero sobre todo lo que necesitan es más tiempo y más recursos. El tiempo se puede ir dando (aunque en realidad en un aula el tiempo es compartido y hay que negociarlo constantemente) pero lo de los recursos es otro cantar. Es una falacia hablar de distinto ritmo, de una atención personalizada, de una adaptación de las actividades de la clase, cuando esto no pasa por tener más recursos humanos dentro del aula. Habrá casos que no haga falta, pero en otros obliga al profesional del aula a realizar todas estas cosas a la vez, sola o con alguna compañera más compartida con otras clases (que también están de adaptación, por cierto) y por el módico precio de bajar en uno la ratio, como si eso fuese la panacea de la atención a las necesidades educativas especiales.

Y esto no es lo mejor para ese niño o niña, así que la solución pasa por la educadora o educador, que se tiene que desdoblar hasta el infinito y más allá, ya que su función es hacer una propuesta educativa personalizada para cada uno de sus alumnos.

Aquí es donde trabajamos en unas condiciones que en ningún momento pasarían una inspección de salud laboral, tales como hacer las labores habituales, pero con un niño en brazos. Y así toda la mañana. Y la tarde.

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Al final lo pasamos con profesionalidad, con altas dosis de ibuprofeno y sin darnos cuenta que ya fuera de la escuela lo que estamos acunando es el carrito del supermercado…

Siempre se habla del proceso de adaptación de los niños a la escuela, aunque ese proceso no es solo del niño: es de toda la familia. Es así hasta el punto que a veces es más sencilla la adaptación del niño que la de la familia de este.
Este proceso determinará, además de los vínculos que se establecerán con el niño a lo largo de su escolarización; la relación que se establecerá con las familias. El tipo de vinculación con las familias es crucial, ya que muchas ocasiones son precisamente las familias las que viven una serie de emociones de inquietud y de falta de sosiego que son transferidas a sus hijos. Cuanto antes estén tranquilas las familias antes quedarán tranquilos los niños.

En una ocasión en el comienzo de un curso de una clase del nivel de bebés, superé una de las pruebas más exigentes en mi carrera de maestro; más que la oposición y más que los exámenes. Consistía en pasar el visto bueno de la abuela materna de la criatura. La de los padres ya la había pasado, puesto que habían matriculado a la hija, pero la abuela no tenía tan claro eso de dejar a su nieta con un barbas cuando la podía tener ella sin problema…
Cuando la Abuela, en uno de esos días que venía a por el bebé, me vió trabajar con los niños a través de la ventana de la puerta del aula, se produjo una inflexión en el período de adaptación: una vez aprobado por la abuela los padres tranquilos y la niña encantada. Bueno, la niña estuvo encantada antes que la familia…

Así en estos momentos del curso donde se supone que ya estamos trabajando con las diferentes actividades, proyectos, talleres y fiestas, puede que aún quede alguna familia pasándolo regular por que aún no está adaptada, o que la escuela no sea la que se adapte, o que el profe esté trabajando con el equipo de atención temprana para pautar métodos de trabajo, o mil razones más.

Si se da esta situación tenemos una clase de varias velocidades: unos pidiendo “marcha” y otros tranquilidad. Esta situación crea una brecha que hace que la acción educativa sea más costosa, tanto para el docente como para el discente. No hay problema, se solucionará por el módico precio de bajar la ratio en uno (en el mejor de los casos).

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